Humanizar a los perros es una práctica tan frecuente como nociva. Y aunque se ha hecho grandes avances para comprender el funcionamiento del aprendizaje canino, a menudo se los adiestra ignorando aspectos básicos de su naturaleza.
Por eso, esta semana queremos hablar de los riesgos de la llamada antropomorfización, que implica tratar a los perros desde la expectativa, los principios y las conductas humanas.
Porque en Adiestrar-Perros adiestramos perros. No pretendemos convertirlos en humanos.

La ciudad y los perros

El crecimiento de la población canina en las ciudades tiene muchas complejidades.
Por un lado, más humanos tienen perros y viven con ellos en espacios más pequeños y en ciudades más densas.

No hace mucho, la inmensa mayoría de los perros dormía y pasaba la mayor parte del día fuera de casa: en un jardín, en el campo, o sueltos. Menos personas optaban por la compañía de un perro, fuera por falta de espacio, porque tiene un precio, o porque la percepción de los perros era diferente.
La vida moderna tiene familias con menos personas. Los humanos trabajan, estudian y se ausentan durante la mayor parte del día. El crecimiento de las ciudades y la aceleración de los ritmos de vida han hecho que la gente viva más sola. Y los perros han ayudado a sobrellevarlo, a costa de perder cierta libertad.

Desde la óptica canina, la vida en la ciudad implica una concentración mayor de olores, ruidos y personas. También, menor libertad de movimientos, largos períodos de soledad y un contacto menor y más controlado con el entorno físico y social.
La entrada del perro a la casa ha aumentado la frecuencia y la intensidad en la relación con los humanos. El perro ahora es menos animal porque los humanos tendemos a humanizarlo. Es normal: los perros nos dan cariño y piden relativamente poco a cambio. Son ya muchos siglos de convivencia.
Pero no es sano. Elimina comportamientos instintivos y fundamenta la atención y el afecto en principios estéticos, sociales y morales. Todos ellos, humanos.

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Los peligros de humanizar a los perros

La experiencia

La mayoría de los perros se mueve en entornos, lugares y estructuras pensadas por humanos. Sin ir muy lejos, tiendas de animales, perreras o criaderos. Y no todas son iguales, ni ofrecen las mismas condiciones para que se desarrollen de forma adecuada. Si a eso se suma la separación temprana de su madre, o situaciones de abandono o malos tratos, es difícil pensar que dos perros son iguales.
Sus experiencias son muchas y muy diversas.

La identidad

Los perros construyen su identidad en base a su entorno físico y social. De ahí que insistamos en la importancia de una buena socialización. La socialización es indispensable para aprender códigos básicos de comportamiento con otros perros y humanos.
Es en esos primeros 4 meses que el perro aprende, con su madre y otros perros de la camada, lo que es el juego, la exploración, y otras cosas que lo definen como perro.

Pero es en la vida con humanos cuando muchos de esos comportamientos son reprimidos, rechazados o incluso castigados, sin comprender que solo necesitan ser encauzados.
Los perros también necesitan aprender a gestionar sus emociones, y para eso, los humanos debemos identificar y satisfacer sus necesidades sin quitarles su naturaleza canina.

No se puede pretender que el perro deje de ser perro. El peligro de humanizar a los perros está en que pueden frustrarse y desarrollar ansiedad o inseguridad. Y en muchos casos, eso se debe a la propia frustración del propietario, que no logra cubrir sus necesidades cognitivas o emocionales.

Si quieres una visión más amplia de los distintos aspectos que intervienen en el bienestar canino, échale un ojo a nuestra Guía para mejorar su calidad de vida.

Trucos para no humanizar a los perros

Elegir un nombre

Tal vez ya es tarde para esto. Pero es que aunque parezca algo sencillo y natural, hay que tener algunas cosas en cuenta antes de elegir el nombre de un perro.

  • Debe ser un nombre corto y fácil de reconocer. Piensa que la pronunciación de su nombre puede tomar tanto tiempo que se distraiga antes de que termines de llamarlo, y que, por tanto, no obedezca.
  • Evitar palabras comunes u órdenes que puedan ser confundidas.

Ninguno de estos consejos es innegociable. Puedes llamar a tu perro Whisky on the Rocks aunque, seguramente, habrá confusiones. La clave está en tener una comunicación clara, y los nombres compuestos no ayudan.

  • Un nombre debería ser unívoco, simple y fácil de reconocer. De lo contrario, el adiestramiento de tu perro se verá plagado de vacíos, de respuestas erróneas y de frustración.
  • Su nombre no debería cambiar nunca. Si es absolutamente necesario, busca una alternativa que suene muy parecida al nombre con el que fue adiestrado.
  • Si todavía no tiene nombre, evita los nombres demasiado comunes. Llamar a “Max” en un parque puede crearte alguna situación inesperada.

 

Higiene y estética

Humanizar a los perros es trasladarles expectativas humanaas. Algunas razas, como los galgos o perros muy pequeños, necesitan abrigos o botas en invierno; prendas con una función más práctica que estética. Pero vemos con frecuencia perros vestidos, o con accesorios que solo satisfacen a su propietario. Muchas veces los incomodan, limitan sus sentidos y afectan a su salud.

Pero además:

  • Bañar demasiado a un perro daña su piel y su pelo.
  • Evita los perfumes. No solo no les gustan, sino que interfieren en su comunicación con otros perros.
  • Cuidado con la peluquería. Algunos peinados también pueden serle incómodos o dificultar su lenguaje corporal.

 

Dejar que el perro sea perro obliga a dejarlo explorar el entorno, humano, de acuerdo a su naturaleza, canina.
Los perros necesitan revolcarse, olfatear pipís, cacas, y el trasero de otros perros. En el mundo humano, son prácticas antihigiénicas y moralizadas. En el canino, son aspectos fundamentales de su comunicación.

En definitiva

Se dice que los perros se parecen a su dueño. Tiene sentido, pues es de quien obtienen más información y refuerzos. Pero la línea que separa el aprendizaje de la proyección es muy fina. Un perro tiene personalidad y motivaciones, a menudo relacionadas con su raza y edad.
Lo mejor es que elijas al perro de acuerdo a tu estilo de vida.

Es normal que busquemos un espacio intermedio entre la satisfacción de las necesidades de los perros y las razones por las que introducimos un perro (o varios) en nuestra vida.

  • Sal con tu perro con frecuencia. Cuanto más, mejor. Su anatomía y su metabolismo son depredadores, y su energía les pide actividad. Corren, saltan y muerden. La cuestión está en saber cuánto y cómo.
  • Los perros son carnívoros, y su alimentación debe ser adaptada. Pueden comer otras cosas, pero en cantidades limitadas. Si quieres más información, mira este artículo sobre la alimentación de los perros.
  • Los perros muerden y mordisquean. Su hocico funciona como nuestras manos, y cuenta con un olfato mucho más potente de lo que podemos imaginar. Un perro que muerde necesita información sobre la fuerza y los objetos que puede o no puede morder.
    Más que castigarle, ofrécele alternativas que lo ayuden a saciar su instinto y gastar energía.

 

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La mejor manera de evitar que los perros desarrollen problemas psicológicos es exponerlos al medio que corresponde a sus características físicas y mentales. Los espacios abiertos son el mejor lugar para que los perros exploren, aprendan y canalicen toda su energía y sus capacidades. No olvides que antes de entrar en la casa de los humanos, su supervivencia dependía de ello.

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