Un nuevo estudio del Instituto Francis Crick, de Londres, publicado recientemente por la revista Nature, ha abierto nuevas vías de investigación para comprender la domesticación de los perros y su evolución a partir del lobo gris.

Este estudio es interesante porque nos ayuda a entender mejor el desarrollo de la mente y la psicología caninas, algo esencial para etólogos caninos y adiestradores de perros. Concretamente, porque sugiere que la domesticación del lobo (canis lupus) y su transformación en perro (canis lupus familiaris) se produjo en varios lugares y en distintos momentos.

 

El estudio

La evolución y el cambio genético son procesos muy lentos en los que cambios diminutos a nivel cromosómico son puestos a prueba en un entorno concreto. Aquellos que facilitan la supervivencia del individuo y la reproducción de la especie suponen una ventaja adaptativa, y tienen más probabilidad de transmisión a las nuevas generaciones.

De acuerdo con el genoma canino, hay pocas dudas de que el ancestro del perro es el lobo gris. Hoy, tenemos un mapa histórico que nos ayuda a situar el salto genético, y cada vez está más claro que en esa especiación la acción humana tiene un rol muy activo.

 

Lo que ya sabemos de la domesticación de los perros

El humano se sedentariza hace unos 12 000 años. Antes, éramos nómadas o seminómadas, cazadores y recolectores que permanecían en un lugar mientras hubiera recursos disponibles cerca. Hace unos 33 000 años, los lobos salvajes empezaron a seguir a las comunidades humanas, atraídos por los restos de carne y huesos que estas dejaban a su paso. Los lobos más atrevidos desarrollaron una mayor confianza en el humano, reduciendo lo que llamamos “distancia de huida” (aquella a la toleran que otros se acerquen).

Generación tras generación, este proceso produjo animales con el mismo perfil genético: más atrevidos y confiados ante los humanos. Y estos rasgos genéticos, como la sociabilidad, son los que favorecieron el salto del lobo al perro.

Y aquí entran la selección y el cruce de los perros más mansos y dóciles. Concretamente, seleccionando a los que aprendieron que colaborar con humanos era más beneficioso que competir con ellos. Por ejemplo, por:

  • menor esfuerzo para alimentarse (ayudaban en la caza, el pastoreo y la protección)
  • menos riesgo en la caza

Si quieres saber más sobre las diferencias entre lobos y perros, échale un ojo a este artículo.

A partir de ahí, empieza otro proceso de selección artificial, más avanzado, para crear variedades especializadas en una función:

  • Guarda: para proteger animales y espacios
  • Rebaño: para desplazar animales
  • Caza: para ayudar en la caza
  • Perros pequeños: para cazar pequeños animales, avisar y compañía.

 

Evolución y domesticación de los perros

Stephen Bowler. https://www.flickr.com/photos/50826080@N00/

Descifrando el genoma canino

Hoy, parece una obviedad que la simbiosis entre perros y humanos ha tenido un serio impacto en el desarrollo de las características del perro, y que lo han distinguido del lobo.
El estudio en cuestión ha encontrado una diferencia en el gen IFT88, relacionado con un cráneo y unas mandíbulas más pequeñas. Un gen que apenas aparece en el genoma de los lobos de más de 40 000 años, y que está presente en la gran mayoría de los lobos y perros de menos de 30 000 años.

Eso significa que durante esos 10 000 años debió producirse el cambio que convirtió a los lobos más dóciles en perros, y que dejó a los lobos menos dóciles en estado salvaje. Los perros desarrollarían así una inteligencia social diferente que, mantenida en el tiempo, los ha convertido en lo que son ahora.

 

El experimento de Beliáyev

Sin embargo, esto no lo explica del todo, como parece demostrar el experimento del ruso Dmitri Beliáyev. Iniciado en los años 50, el experimento consistía en reproducir con zorros el método de seleccionar a los perros más mansos, y observar los cambios genéticos en las nuevas generaciones.

Después de 10 generaciones, los zorros ya presentaban cambios físicos y conductuales. Fisiológicamente, observaron manchas y cambios de color en el pelaje, un oído más débil, y un cambio en el arqueo de la cola. Además, los zorros mostraban niveles de adrenalina menores, cosa que explica los cambios de comportamiento: algunos incluso movían la cola o lamían manos para demostrar su afecto a los humanos, e incluso lloraban con su ausencia.

El experimento continúa a día de hoy. Nos ha permitido acelerar la observación de los cambios genéticos, y nos está ofreciendo información muy valiosa sobre la domesticación de los perros, y sobre la mismísima evolución. No te pierdas este vídeo que lo explica muy bien.

El contexto geológico

Si tenemos en cuenta que el primer registro fósil de un perro que convivía con humanos data de hace 14 000 años, debemos considerar también el contexto geológico.
Para entonces, la Tierra estaba en la fase final de la última glaciación: la que define el paso del Pleistoceno al Holoceno hace, también, unos 15 000 años. Esa glaciación cubrió de hielo gran parte del hemisferio norte, incluyendo el Estrecho de Bering, Escandinavia, o incluso el Canal de La Mancha, permitiendo que diversas especies migraran por zonas por las que hoy sería imposible.

Aquí es donde toma sentido este mapa, que muestra las regiones donde se halló los fósiles estudiados, desde un ángulo poco frecuente: el del polo norte.

 

Domesticación de los perros

¿Qué significa este hallazgo?

Lo que esta secuenciación demuestra, sin lugar a duda, es que ni lobos ni perros estuvieron cerca de la extinción, como muchas otras especies a lo largo de las distintas etapas del Pleistoceno tardío (de los últimos 130 000 años a los últimos 10 000). En parte, por seguir contando con el doble pelaje propio de los lobos, y en parte, por su integración con nosotros.

Las especies que desaparecieron lo hicieron principalmente por la desaparición de su fuente de alimentos, por un aislamiento provocado por el derretimiento del hielo, o por encontrar nuevos depredadores en su camino evolutivo.

Pero muchas otras lograron adaptarse al mundo del Holoceno, ya fuera migrando a otras regiones o adaptando su alimentación a lo que hubiera disponible. A partir de ahí, y a falta de más estudios que confirmen las hipótesis, se nos dibuja un contexto bastante coherente.

Cuando el deshielo empieza, proliferan las especies vegetales, y aumenta la población de especies herbívoras, y después, carnívoras. Y si recordamos que el primer fósil de un perro en entorno humano tiene 14 000 años, los tiempos coinciden.

Si, como plantea el estudio, la domesticación de los perros se produce paralelamente en distintas zonas, es gracias a un acuerdo tácito de simbiosis.

Por un lado, como ya sabemos, los perros ganaban una alimentación más constante, menos laboriosa y, sobre todo, menos peligrosa, conviviendo con humanos y ayudándolos en la caza de animales. Por el otro, esto coloca a los perros en una posición clave para el desarrollo de la civilización humana, que no habría tenido el mismo ritmo sin una alimentación rica en proteínas, sin animales de tiro, guarda o presa.

 

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¿Te interesa la mente canina?

Cuando se dice que el perro es el mejor amigo del hombre, no es por gusto.
Como has podido ver, no dejamos de descubrir pistas que nos acercan a los perros en el tiempo y en el espacio. La domesticación de los perros nos regala lecciones de historia combinada que le dan un poco más de sentido a nuestro desarrollo, y al suyo.

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